San Lorenzo regaló el primer tiempo, reaccionó recién cuando estaba perdiendo y volvió de Santiago del Estero con otra derrota. Central Córdoba hizo poco, pero le alcanzó para ganar 1-0 con un gol de Michael Santos. El equipo de Gorosito empujó en el complemento, aunque casi nunca jugó.

Hay derrotas que se explican por la superioridad del rival, otras por una jugada desafortunada y algunas por esos partidos en los que la pelota parece haber decidido no entrar. Esta no.
San Lorenzo perdió porque durante cuarenta y cinco minutos prácticamente no compitió. Salió dormido, impreciso, sin intensidad y con una preocupante falta de rebeldía. Central Córdoba tampoco fue una maravilla, pero entendió antes que había un partido para ganar. Corrió, presionó, se quedó con las pelotas divididas y obligó al Ciclón a jugar siempre incómodo.
Los tres delanteros que aparecían en la formación fueron solamente una expresión de deseos. Reali casi no entró en contacto con la pelota, Auzmendi volvió a pelear solo contra los centrales y Cuello tuvo que alejarse demasiado del área para intentar inventar algo. El mediocampo no encontraba pases hacia adelante y la salida desde el fondo era tan lenta como anunciada.
¿A qué quería jugar San Lorenzo?
Difícil saberlo.
Tripichio intentaba ordenar, Rattalino corría detrás de la pelota y Juan Pablo Álvarez no encontraba una ubicación desde donde pudiera participar. Entre los delanteros y los volantes había un terreno enorme, ideal para que los santiagueños recuperaran y atacaran una defensa que nunca transmitió seguridad.
Gill apareció para sostener el cero. Tapó un par de pelotas importantes mientras sus compañeros miraban cómo Central Córdoba se acercaba con una facilidad que no se correspondía con la jerarquía del rival. Pero un arquero puede salvar una, dos o tres. No puede solucionar durante toda la noche los problemas de un equipo.
A los 31 minutos llegó lo que se veía venir. Santiago Moyano tuvo tiempo para levantar la cabeza y mandar el centro. Michael Santos apareció libre, cabeceó y puso el 1-0.
Libre.
Dentro del área.
Otra vez.
No fue una combinación extraordinaria ni una acción imposible de defender. Fue un centro y un delantero que encontró el espacio que San Lorenzo nunca debió regalarle. El tipo de gol que indigna más por la facilidad con la que se produce que por la calidad de quien lo convierte.
El Ciclón se fue al descanso perdiendo y sin haber generado una sola oportunidad verdaderamente clara. Gorosito, como ya ocurrió en los partidos anteriores, volvió a meter mano en el entretiempo. Entró Del Prete por Juan Pablo Álvarez y el equipo adelantó algunos metros.
San Lorenzo fue otro. No uno bueno, pero al menos uno que entendió que estaba perdiendo.
Empezó a ganar las segundas pelotas, Tripichio se adelantó, De Ritis pasó con mayor frecuencia y Central Córdoba comenzó a retroceder. Del Prete le dio algo de movilidad al ataque y Cuello pudo recibir un poco más cerca del arco.
Pero una cosa es atacar y otra es amontonar jugadores.
El Ciclón acumuló delanteros, tiró centros y buscó el empate con más desesperación que fútbol. Entraron Cardillo, Herazo y Gulli, mientras el local se refugiaba cada vez más cerca de su arquero. Hubo remates desde afuera, pelotas cruzadas y alguna posibilidad que murió antes de transformarse en una situación realmente peligrosa.
El empate pudo llegar porque Central Córdoba decidió renunciar al partido. No porque San Lorenzo hubiera encontrado una fórmula para lastimarlo.
Auzmendi volvió a luchar contra todos. Cuello quiso resolver cada ataque por su cuenta. Herazo se instaló entre los centrales esperando algún centro limpio que casi nunca apareció. Reali ya había pasado demasiado tiempo desaparecido y Del Prete alternaba alguna buena intervención con largos minutos sin peso en el juego.
Terminó el partido y quedó la sensación de siempre: cuando San Lorenzo quiso reaccionar, ya había entregado demasiado.
Gorosito dijo después que el equipo regaló un tiempo. Y tuvo razón. El problema es que reconocerlo no devuelve los puntos. Tampoco alcanza con reaccionar siempre desde el vestuario. Los partidos empiezan cuando el árbitro toca el silbato, no después de la charla del entretiempo.
El Clausura recién comienza, pero San Lorenzo ya perdió dos de los primeros tres partidos. Y el próximo es Huracán.
El clásico no permite distracciones, experimentos ni jugadores que entren a la cancha esperando que el partido les explique qué tienen que hacer. Habrá que competir desde el primer minuto, jugar con otra intensidad y entender la importancia de lo que viene.
Porque contra el Globo no se puede regalar un tiempo.
Ni un minuto.
VENGAN DE A UNO
Orlando Gill 7
El mejor de San Lorenzo. Sostuvo al equipo durante el primer tiempo con intervenciones importantes. No tuvo responsabilidad en el gol y evitó que la derrota fuera más amplia.
Nahuel Arias 4
Le costó controlar su sector y casi nunca pudo pasar al ataque con claridad. Alternó algunos cierres correctos con momentos de mucha inseguridad.
Emiliano Amor 4
No transmitió firmeza. Perdió referencias dentro del área y sufrió cuando Central Córdoba atacó con movimientos simples. Debe ordenar una defensa demasiado silenciosa.
Alejo Córdoba 4
Tuvo algunos cruces importantes, pero también quedó expuesto por el desorden general. Formó parte de una defensa que volvió a conceder un gol demasiado sencillo.
Mathías De Ritis 5
De los pocos que intentó avanzar durante el segundo tiempo. Probó desde afuera y buscó con centros, aunque no siempre eligió bien. En defensa también tuvo problemas.
Juan Pablo Álvarez 3
No encontró nunca su lugar en el partido. Lejos de la pelota, sin peso en la recuperación y sin participación ofensiva. Gorosito lo reemplazó en el entretiempo.
Nicolás Tripichio 5
Muy solo tratando de equilibrar un mediocampo que no funcionaba. Mejoró cuando se adelantó en el segundo tiempo, pero no consiguió convertirse en el conductor que el equipo necesitaba.
Juan Cruz Rattalino 5
Corrió y mostró voluntad, aunque estuvo impreciso. Por momentos quedó encerrado entre los volantes rivales. Necesita mayor continuidad para encontrar su mejor ritmo.
Matías Reali 3
Desaparecido. San Lorenzo necesitaba su velocidad y su desequilibrio, pero casi nunca consiguió participar. Cuando recibió, lo hizo lejos del área y sin ventaja.
Rodrigo Auzmendi 5
Otra noche peleando contra los centrales y recibiendo pelotas incómodas. Intentó, remató y buscó hasta el final. Mucho sacrificio y poca compañía.
Alexis Cuello 5
El único capaz de inventar una jugada diferente, pero también volvió a equivocarse por querer resolver todo solo. Cuando juega tan lejos del arco pierde buena parte de su peligro.
Gustavo Del Prete 5
Su ingreso le dio algo más de movilidad al ataque. Se mostró y buscó asociaciones, aunque no consiguió generar una situación decisiva.
Mauricio Cardillo 4
Entró para aportar claridad en el medio, pero se mezcló rápidamente con el desorden del equipo. Algún remate y poco más.
Diego Herazo 4
Se ubicó dentro del área para pelear con los centrales. Casi no recibió una pelota limpia y terminó participando poco.
Facundo Gulli s/c
Ingresó con el partido lanzado y con San Lorenzo atacando sin demasiadas ideas. No tuvo tiempo ni espacios para modificar la historia.


