Morir con las botas puestas parece ser el lema de Álvarez. Lo malo es que su convicción arrastró al equipo a quedarse fuera de la Sudamericana. San Lorenzo salió a ganar cuando con el empate pasaba a la siguiente ronda, pero lo perdió en una contra. Da mucha bronca, pero, más allá del resultado el profe trata de que su equipo tenga una identidad, y eso, a pesar de el veneno que nos provoca es al menos una esperanza para el futuro.

El desenlace dejó un trago amargo difícil de digerir para todo el pueblo azulgrana. San Lorenzo llegó a la última jornada de la Fase de Grupos sabiendo que tenía el destino en sus propias manos: un simple punto le alcanzaba para sellar la clasificación a la siguiente ronda de la CONMEBOL Sudamericana. Sin embargo, la postura del equipo lejos estuvo de ser especulativa o conservadora. Guiado por la filosofía innegociable de Gustavo Álvarez, el Ciclón asumió el protagonismo desde el primer minuto, adelantó sus líneas e intentó asfixiar a un Deportivo Recoleta que se replegó con astucia esperando su oportunidad.
El desarrollo del juego fue un monólogo de intenciones azulgranas, pero con una alarmante falta de claridad en el último tercio del campo. San Lorenzo tuvo la posesión, hizo circular el balón y buscó constantemente por las bandas, pero tropezó una y otra vez contra el cerrojo defensivo del conjunto paraguayo. Con el correr de los minutos y la impaciencia jugando su propio partido, el equipo se fue desnudando tácticamente en el fondo. En lugar de enfriar el trámite y hacer valer la ventaja reglamentaria que otorgaba el empate, la ambición desmedida por conseguir la victoria dejó al descubierto grietas insólitas en la zona defensiva.
El golpe de gracia llegó de la forma más dolorosa y predecible. En una jugada donde San Lorenzo estaba volcado masivamente al ataque, Recoleta capturó un rebote, metió una transición directa y mortífera de contraataque, y facturó con absoluta contundencia ante la mirada atónita del Pedro Bidegain. El gol visitante fue un mazazo directo al corazón de la ilusión azulgrana. En los minutos finales, entre el nerviosismo y la desesperación, el Ciclón empujó con más amor propio que ideas, pero el reloj consumió las esperanzas de continuar en la competencia continental.
La eliminación genera una bronca infinita por la forma en que se escapó un objetivo que estaba al alcance de la mano. Sin embargo, en el análisis sereno dentro de semejante dolor, queda el testimonio de un entrenador que no negocia su idea bajo ninguna circunstancia. Este San Lorenzo propone, asume riesgos y busca construir una identidad futbolística definida. Aunque hoy el precio pagado haya sido altísimo con la eliminación de la copa, esa misma convicción representa el único cimiento sólido al cual aferrarse para lo que se viene.
VENGAN DE A UNO
Orlando Gill 5:
Poco por hacer en el gol de la visita, donde quedó completamente expuesto en el mano a mano tras la contra perfecta del rival. Respondió con corrección en un par de remates de media distancia, pero su noche quedó marcada por la tristeza del resultado.
Ezequiel Herrera 4:
Tuvo un despliegue constante por la banda derecha intentando sumar juego en ataque, pero sintió el desgaste físico con el correr de los minutos. Le faltó precisión en los centros finales y sufrió al quedar descompensado en el retroceso.
Jhohan Romaña 5:
Volvió a mostrar serias dificultades en la marca a campo abierto. Aunque ganó varios duelos aéreos, quedó muy desprotegido en la jugada del gol decisivo y abusó de los pelotazos largos cuando el trámite pedía paciencia y distribución por abajo.
Lautaro Montenegro 6:
De lo más firme y lucido de la línea defensiva. Trató de mantener el orden, cortó varios avances con solvencia y fue el central que mejor criterio tuvo para romper líneas y trasladar la pelota desde el fondo hacia el mediocampo.
Mathías De Ritis 4:
Le costó hacer la banda con efectividad. Se proyectó de manera constante, pero estuvo errático en los envíos al área rival y sufrió a sus espaldas cada vez que el conjunto paraguayo apostó a las salidas rápidas.
Nicolás Tripichio 6:
Batalló en la zona media y le dio equilibrio al equipo durante buena parte del encuentro. Recuperó varios balones e intentó ser siempre la primera opción de pase limpio, aunque se vio desbordado cuando el equipo quedó volcado al ataque en el tramo final.
Manuel Insaurralde 6:
Fue nuevamente el eje distribuidor de la pelota en el mediocampo. Se adueñó de la posesión, manejó los ritmos y buscó habilitar a los atacantes, pero no encontró receptores finos entre líneas para romper el bloque defensivo.
Facundo Gulli 5:
Aportó dinámica y recorrido por el carril, pero careció de la serenidad necesaria para resolver en los metros finales. Se desgastó en la presión alta y terminó reemplazado en la segunda mitad.
Nahuel Barrios 4:
Tuvo una noche frustrante. Pidió la pelota de manera permanente e intentó encarar en el mano a mano, pero chocó sistemáticamente contra la marca rival y abusó de la jugada individual en zonas superpobladas.
Alexis Cuello 5:
Luchó incansablemente contra los centrales visitantes, generó faltas cerca del área y buscó el arco en cada oportunidad, pero estuvo impreciso al momento de definir las pocas opciones claras que tuvo.
Rodrigo Auzmendi 4:
Quedó atrapado entre los defensores paraguayos y no logró pesar en el área. No tuvo situaciones de gol claras, le costó aguantar la pelota de espaldas y careció de la movilidad necesaria para arrastrar marcas.
Matías Reali 5:
Ingresó para darle mayor desequilibrio y centro picante por las bandas, pero no logró torcer la historia ni generar el peso ofensivo necesario.
Diego Herazo s/c
Pocos minutos.
Gregorio Rodríguez s/c
Pocos minutos

