El Ciclón del profesor Álvarez reafirma las palabras de Osvaldo Soriano y levantó un 2 a 0 en Brasil mostrando una personalidad, una fortaleza, un temple que en los últimos años escaseó. Tras un flojo primer tiempo, en el segundo se rehízo, manejó el juego y logró la igualdad y casi se lleva el triunfo, que hubiera sido merecido. Muestra de carácter que empieza a sepultar aquella noche de Núñez.

Efectivamente, San Lorenzo es un interminable sobresalto. Es también muchas otras cosas tan disímiles, que solamente el cuervo sabe como sobrevivir semejantes vicisitudes. El encuentro dejó sensaciones encontradas para la gente azulgrana. Por un lado, se valora el espíritu combativo de un equipo que supo reaccionar en el momento más crítico y plantarse con firmeza en suelo brasileño, adueñándose de la pelota por momentos y acorralando a un rival con nombres de jerarquía internacional. Por el otro, queda cierto sabor amargo porque, tras lograr lo más difícil y poner el trámite en tablas, San Lorenzo dispuso de las opciones más claras para haber terminado festejando una victoria épica.
Esta metamorfosis mostrada en la segunda mitad radica principalmente en la solidez conceptual que el entrenador logró transmitir al vestuario. Lejos de apelar al desorden desesperado cuando las cosas lucían más oscuras, el equipo mantuvo la postura táctica, presionó más alto los circuitos de pase del rival y forzó desaciertos que lo metieron de lleno en el desarrollo. La lectura del partido durante el descanso resultó fundamental para ajustar piezas en el mediocampo y lastimar por los carriles donde antes solo había sombras.
Además, el respaldo físico con el que San Lorenzo cerró el cotejo termina siendo un dato sumamente alentador de cara a la seguidilla que se avecina. Ver a un equipo correr hasta el minuto noventa y cinco, disputando cada dividida como si fuera la última ante la mirada atónita de los locales, demuestra una preparación que trasciende lo estrictamente futbolístico. Hay un grupo comprometido que entiende lo que exige la camiseta en las citas bravas internacionales.
Con este rendimiento colectivamente ascendente, el conjunto de Álvarez sigue dando pasos hacia adelante en el funcionamiento futbolístico, sosteniendo la racha invicta y demostrando que tiene argumentos para pelear. Ahora la exigencia se traslada a la tabla de posiciones, donde el margen de error se achica y el equipo quedará obligado a rescatar puntos en sus próximas presentaciones para asegurar el pasaje a la siguiente fase.
VENGAN DE A UNO
Orlando Gill 6:
Sin responsabilidad directa en el gol madrugador de Bontempo ni en el tiro libre perfecto de Gabigol, pero le llegaron cuatro veces al arco y dos terminaron adentro. Resolvió bien los remates de media distancia y centros en el complemento, aunque le faltó esa atajada consagratoria en los momentos de mayor zozobra del primer tiempo.
Ezequiel Herrera 5:
Le costó acomodarse en la etapa inicial ante las trepadas paulistas, pero en el segundo tiempo clausuró su lateral y metió un par de cierres providenciales antes de que Santos pudiera golpear de contra. Cumplió con creces en la levantada colectiva.
Jhohan Romaña 6:
Tuvo una primera mitad sumamente compleja. Se vio superado en la desatención del minuto uno y pasó sobresaltos con la movilidad de Barreal y Rollheiser. Aunque mejoró su presencia física en el segundo tiempo, sus imprecisiones en los pases verticales desde el fondo le restaron bastante en el balance general.
Lautaro Montenegro 7:
Otro enorme despliegue del juvenil en una cancha histórica. Se recuperó tras un arranque difícil de todo el bloque defensivo y terminó siendo una garantía por su sector, animándose a romper líneas con el balón controlado (parte clave del 87% de efectividad de pases del equipo) y ganando duelos determinantes.
Ezequiel Herrera 5
Le costó acomodarse en la etapa inicial ante las trepadas paulistas, pero en el segundo tiempo clausuró su lateral y metió un par de cierres providenciales antes de que Santos pudiera golpear de contra. Cumplió con creces en la levantada colectiva.
Nicolás Tripichio 7:
El eje táctico que sostuvo la remontada. Manejó con criterio los ritmos del partido, presionó alto para forzar las 16 faltas del rival y le dio una salida siempre limpia a San Lorenzo para adueñarse de la posesión.
Nahuel Barrios 6:
Aportó dinámica e intentó desequilibrar en tres cuartos de cancha frente a una defensa cerrada. Si bien por momentos cayó en el exceso individual, su movilidad constante fue fundamental para desgastar al medio rival en la segunda parte.
Manuel Insaurralde 8:
El gran motor y la figura del equipo en el mediocampo. Distribuyó con maestría para lograr el dominio del balón en terreno brasileño, manejó los tiempos de la levantada azulgrana y fue la bandera del temple colectivo para dar vuelta la historia.
Facundo Gulli 6:
De menor a mayor en una función de desgaste. Cumplió tácticamente cerrando caminos en el primer tiempo y se soltó mucho más en el complemento para asociarse por las bandas y recuperar balones clave.
Mathías De Ritis 6:
Tras sufrir en el golpe tempranero de Santos, mostró un carácter envidiable para proyectarse permanentemente y coronó su actuación con un soberbio cabezazo a los 27′ ST para marcar el 2-1 que inició la remontada épica.
Rodrigo Auzmendi 7:
Héroe de la noche en la Vila Belmiro. Aguantó todo de espaldas contra Veríssimo y Frías en el primer tiempo y tuvo su premio a la insistencia a los 40′ ST, sacando un zurdazo cruzado abajo inolvidable para sellar el 2-2 definitivo.
Alexis Cuello 7:
Un dolor de cabeza insoportable para la zaga brasileña durante los 90 minutos. Corrió todas las pelotas, generó faltas cerca del área y arrastró marcas decisivas para que de arriba y de abajo aparecieran los espacios en los goles del Ciclón.
Teo Rodríguez Pagano s/c
Ingresó a los 84′ por De Ritis para darle piernas frescas al carril izquierdo en los minutos finales, cuando San Lorenzo buscaba la hazaña completa sobre la hora.

